El cambio, qué hacer, nada. Aveces el cambio llega de forma imprevista sacudiendo los cimientos de todo lo construido. Se demuelen pilares, se amplían estancias, se reforma el estilo, hasta que el anterior es irreconocible. Al pasar junto a los cambios, queda una sensación de añoranza al principio, que se va a tenuando con el pasar de los días, hasta que la nueva estructura se hace familiar, y se acepta, y sin querer, se quiere.

Lo familiar, lo conocido, lo de siempre ya no es lo mismo, ahora es diferente para siempre, hasta que un nuevo remesón traiga nuevos cambios, cuando la forma ya no nos es cómoda, cuando cambian las costumbres y tenemos que renovar espacios.

Miras a tu alrededor, y te quedas quieta, viendo el mundo moverse en cámara rápida, tu vida en una fracción de segundo. Una fraccion de segundo, lo que tarda el mundo en cambiar sin darnos cuenta; una eternidad, lo que tardamos en caer finalmente, cuando ya no hay nada que hacer, porque el cambio es parte de nosotros. Te sientas en una banca, miras al cielo, te cae una gota de agua, te despiertas; es real, el sueño no existe, nunca existió. Miras, y ves a los caminantes dormidos por la acera, con los ojos empañados por el sueño, con caras inexpresivas características del letargo prolongado.

Te incorporas, caminas y reflexionas; ves a los durmientes construir castillos en el aire, gesticular a la nada, correr hacia ningún lugar. Se chocan, caen y despiertan unos segundos para luego volverse a dormir. Sientes el peso sobre tus hombros, tratas de recordar. Ves a un par de personas alertas al otro lado de la calle, doblan la esquina y desaparecen. ¿Cuanto tiempo estubiste dormida? te preguntas, mientras ves a un grupo de personas con los brazos en el aire, levantando trofeos imaginarios; te averguenzas de haberte visto así alguna vez, y deseas quedarte despierta para siempre.

Los ojos te pesan, no puedes evitarlo. Cuando regresas, no recuerdas nada. Y nadie sabe. Y los cambios siguen ahí, y un sentimiento de confusión y aceptación golpea tu mente a ratos. Vuelves a soñar.